miércoles, 23 de mayo de 2018

LA REVISTA DEL LUNES

No.97 / La Habana, Lunes 21 de mayo del 2018 / Año 59 de la Revolución / RNPS 2442
Sumario

Archivos acerca de JFK revelan planes de guerra biológica de Estados Unidos contra Cuba
Jimmy Falls
“Hay política económica para dos sectores, uno que recibe los beneficios, que es minoritario, y otro mayoritario que queda afuera”
Mario Hernández
Luis Bilbao: “La izquierda latinoamericana volverá al poder, pero con otro liderazgo”
Estados Unidos no deja de mirar hacia América Latina
Jesús Arboleya
El amigo americano persevera en la Doctrina del Abandono
Joan del Alcázar
CEPAL: en la ruta contraria al neoliberalismo
Juan J. Paz y Miño Cepeda
Impactos invisibles de la era digital
Silvia Ribeiro

“¿Qué tiene, pues, de extraño que el imperialismo se deje arrastrar de nuevo a la tentación de usar traicioneramente armas biológicas contra Cuba? ¿Qué puede esperarse de un gobierno cuya política se caracteriza por su cinismo, sus mentiras y su falta absoluta de escrúpulos?”
Fidel Castro Ruz, 26 de julio del 1981



Archivos acerca de JFK revelan planes de guerra biológica
de Estados Unidos contra Cuba

Jimmy Falls*

En el verano de 1975, Loch Johnson, ayudante de un congresista, estaba buscando documentos clasificados en la Biblioteca LBJ en Austin, Texas, cuando se encontró con algo que no podía creer: un plan encubierto por parte del ejército estadounidense para desplegar armas biológicas contra Cuba.

Esto era más de lo que Johnson esperaba encontrar, a pesar de que estaba en la biblioteca buscando archivos relacionados con acciones encubiertas dirigidas contra Cuba. En julio del 1975, las audiencias de Watergate habían terminado, y se estaban realizando tres investigaciones separadas de alto nivel —todas dirigidas a revelar actividades encubiertas y posiblemente ilegales de agencias de inteligencia estadounidenses, incluido el asesinato.

Johnson estaba trabajando como asesor principal del senador Frank Church (demócrata por Idaho), presidente del Comité Senatorial Selecto para Estudiar Operaciones Gubernamentales Respecto a Actividades de Inteligencia, el llamado “Comité Church”. El público estadounidense sabía que su gobierno tenía una relación tensa con Cuba, especialmente con su combativo líder, Fidel Castro. Estados Unidos había suscrito sin éxito una invasión paramilitar de exiliados cubanos en la Bahía de Cochinos en el 1961, un desastre en todos los sentidos. Y solo un año después, el mundo estuvo al borde del apocalipsis nuclear luego de un enfrentamiento con la Unión Soviética por los misiles nucleares que había situado en Cuba.

Lo que el público no sabía entonces, y descubriría solo en décadas posteriores, era que la CIA había intentado toda clase de complots de asesinato contra Castro, además de amplias acciones de sabotaje, como la quema de campos de caña de azúcar y la voladura de plantas eléctricas —con el objetivo de socavar al gobierno comunista de Cuba.

Algunas de las conspiraciones de asesinato eran exóticas: un traje envenenado de buceo, una concha marina explosiva, un habano explosivo, píldoras venenosas y una pluma explosiva. Una de las revelaciones más sorprendentes fue que la CIA había estado trabajando estrechamente con la mafia en sus esfuerzos por eliminar a Castro.

Pero eso no fue lo que sorprendió a Johnson aquel día.

Lograr la “ruina”

Había encontrado un memorando del Estado Mayor Conjunto (JCS), con fecha de 30 de octubre del 1964 dirigido al secretario de Defensa. Al responder a una solicitud presidencial anterior de “nuevas ideas relacionadas con Cuba”, el Estado Mayor Conjunto propuso un proyecto con el nombre en clave SQUARE DANCE (Baile de Cuadrilla), que Johnson calificó cáusticamente como “la primera y brillante nueva idea” [del JCS].

Johnson transmitió a sus superiores en el Comité Church los detalles del proyecto SQUARE DANCE:

La propuesta preveía la destrucción de la economía cubana mediante la introducción por vía aérea desde el exterior de un parásito de la caña de azúcar llamado Bunga. El programa comenzaría con una reducción del 30 por ciento de la producción cubana de azúcar prevista, y en tres a seis años se lograría la ruina de la industria azucarera.

Pero eso no fue todo. Johnson citó directamente del memo del JCS:

Los disturbios económicos y políticos causados por este ataque podrían ser exacerbados y explotados por medidas tales como propagar la fiebre aftosa entre animales de tiro, controlar las precipitaciones mediante la siembra de nubes, minar cañaverales, quemar cañas y dirigir otros actos de sabotaje convencional contra el sistema de molienda y transporte de caña (las cursivas en el documento original).

La fiebre aftosa es altamente infecciosa y afecta a los animales de granja como reses, ovejas, cabras y cerdos. La enfermedad causa fiebre alta seguida de ampollas en la boca y las patas del animal. Si bien rara vez afecta a los seres humanos, puede traer consecuencias económicas devastadoras para los granjeros. Para detener un brote en el 2001 en el Reino Unido hubo que gastar unos £ 8 mil millones ($12 mil billones de dólares) en desembolsos públicos y privados.

En su memorando sobre la propuesta de SQUARE DANCE, el JCS de Estados Unidos explicó el valor estratégico del proyecto: “[Square Dance] proporcionaría otra opción a Estados Unidos para provocar el colapso del régimen de Castro”.

El memorando descubierto por Johnson no es la única instancia en que el ejército estadounidense propuso utilizar la guerra biológica contra la Cuba de Castro.

Un documento acerca de JFK dado a conocer el año pasado reveló un memorando de inteligencia del 1962 que discutía la posibilidad de utilizar agentes biológicos “que parezcan ser de origen natural” para inducir el fracaso de la cosecha. Un memorando del ejército estadounidense del 1963, publicado recientemente por los Archivos Nacionales, enumera una lista de “Ideas para explotar vulnerabilidades cubanas”, incluido el inicio de “guerra biológica contra tejidos vegetales y animales (excepto humanos)”.

El memorando del 30 de octubre del 1964, mencionado en el libro de Johnson Inteligencia de seguridad nacional, presentado en versión digital el mes pasado por los Archivos Nacionales, nos da una idea más clara de lo que podría haber parecido.

“Bunga”, conocida también como Aeginetia Indica, es una hierba que actúa como parásito de las raíces de plantas cercanas. Puede ser particularmente dañina para el cultivo de la caña de azúcar, el principal producto económico de Cuba. Durante mucho tiempo, los esfuerzos de sabotaje de los servicios de inteligencia de Estados Unidos se dirigieron a los cultivos de caña de azúcar, incluidas las incursiones nocturnas desde lanchas provenientes del exterior para plantar artefactos incendiarios en los campos. Pero esto era algo diferente.

Al igual que el memorándum anterior de 1962, este menciona la necesidad de negar la participación de Estados Unidos: “Parece factible introducir gradualmente la bunga en Cuba y mantener una base para negar de manera creíble la participación de Estados Unidos”.

El memorando del 1964 no deja dudas respecto al objetivo final de este programa:

Los Jefes de Estado Mayor continúan creyendo que el objetivo final hacia Cuba debe ser el de establecer un gobierno en Cuba que sea aceptable para Estados Unidos.

“El peor tipo de maldad en política exterior”

Johnson aclara que él no sabe si este plan para forzar el cambio de régimen en Cuba se implementó alguna vez, y sugiere que la Casa Blanca puede haber mostrado escepticismo ante la idea. Pero la alarma en el propio memo de Johnson es evidente:

La mera redacción de este tipo de propuesta es un primer paso reprensible hacia el peor tipo de maldad en la política exterior. Lo encuentro incluso más repugnante que los planes de contingencia para asesinatos. Esta no es el tipo de recomendación que la comunidad de inteligencia debería proponer a la Casa Blanca. Las agencias deben tener un mejor sentido de lo que es una política legal y moralmente aceptable…

El resultado de SQUARE DANCE hubiera sido la muerte parasitaria de la principal vida vegetal y animal en Cuba. Los débiles esfuerzos de la CIA para dirigir los intentos de asesinato contra Castro palidecen en comparación con esta propuesta de acción encubierta del Ejército.

Creo que SQUARE DANCE merece nuestra atención. Si el asesinato es inaceptable, seguramente también lo es la destrucción generalizada de plantas y animales por medio de la guerra encubierta de gérmenes.

En el 1964, la ley internacional que regía el uso de armas biológicas era el Protocolo de Ginebra del 1925. Pero su jurisdicción en ese momento era limitada.

“La propagación intencional de la enfermedad como método de guerra sería una violación del Protocolo de Ginebra si Estados Unidos fuera firmante, lo que no era”, dijo a WhoWhatWhy el Dr. Richard Price, profesor de Política y Derecho Internacional en la Universidad de Columbia Británica. El Protocolo de Ginebra del 1925 “prohibió no solo los gases asfixiantes sino también las armas ‘bacteriológicas’, pero Estados Unidos no lo ratificó hasta el 1975, por lo que no estaban obligados [a principios de la década del 1960]”.

La guerra de Vietnam, el agente naranja.

Price señala, sin embargo, que el uso del herbicida químico Agente Naranja durante la guerra de Vietnam, aunque técnicamente no era ilegal en aquel momento por la misma razón, ciertamente causó mucha controversia.

Durante la guerra de Vietnam, el ejército estadounidense expuso a cuatro millones de personas al herbicida y químico defoliante conocido como agente naranja.

Aunque quizás el uso de plantas parásitas como Bunga, no sea lo primero que viene a la mente cuando se piensa en armas biológicas, algunos estudiosos la consideran una forma peligrosa de este tipo de guerra.

Por supuesto, Estados Unidos no había declarado oficialmente la guerra contra Cuba ni obtuvo autorización de la ONU, de ahí la necesidad de una “negación creíble”.

Lo que realmente sucedió en Corea

El uso potencial de la guerra encubierta de gérmenes contra Cuba, aunque en sí es notable, es intrigante por otra razón. Durante la guerra de Corea, los chinos y norcoreanos protestaron porque Estados Unidos estaba utilizando armas biológicas contra el pueblo norcoreano. Los pilotos derribados de la Fuerza Aérea lo confesaron, solo para asegurar, después de su regreso de los campos de prisioneros de guerra de Corea del Norte, que fueron víctimas de lavado de cerebro. Un controvertido informe de la autoría de la comisión internacional y suprimido por largo tiempo llegó a la conclusión de que las acusaciones eran ciertas.

El problema surgió más recientemente con el lanzamiento de la serie docudrama de Netflix, Wormwood. Es una exploración de las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte en el 1953 de Frank Olson, un científico gubernamental y empleado de la CIA, y el esfuerzo de su familia durante décadas por descubrir lo que realmente sucedió. Olson había trabajado en Fort Detrick, una base del ejército estadounidense en Maryland que estaba en el centro de la investigación de armas biológicas de Estados Unidos.

La narración de Wormwood sugiere que Olson tenía dudas y sentimientos de culpa por el trabajo que estaba haciendo en relación con la guerra de Corea, y que la CIA lo había asesinado para evitar que hablara acerca de los proyectos.

Aunque el memorándum del 1964 del JCS no confirma ni niega las acusaciones acerca del uso de armas biológicas en Corea, está claro que el ejército de Estados Unidos no se oponía al uso de tales métodos, incluso si eso significaba causar un daño drástico a toda la población civil.

Lo que también es digno de mención es el momento escogido para la nota. El año es 1964: el presidente Lyndon Johnson está en el poder después del asesinato de JFK, y el plan para derrocar a Castro sigue siendo un objetivo estratégico. Los anteriores fracasos para desalojar a Castro, que habían provocado el riesgo de aniquilación nuclear en la crisis de los misiles cubanos, en apariencia no fueron señales lo suficientemente fuertes para el presidente y el JCS.

El objetivo de la política de Estados Unidos hacia Cuba seguía siendo un cambio de régimen, pero el presidente Johnson pronto tendría las manos llenas con un conflicto escalado y que se convirtió en un atolladero en Vietnam, atolladero del cual Kennedy había tratado de retirarse antes de su muerte prematura.

Aquel verano del 1975, Loch Johnson comprendió lo que su gobierno era capaz de hacer. Aunque parece que la Casa Blanca terminó por rechazar el plan del JCS, es fácil identificarse con el horror de Johnson de que Estados Unidos fuera capaz de proponer seriamente tales acciones. Pasarían muchas décadas antes de que el público estadounidense descubriera la impactante verdad. Si el Comité Church hubiera decidido revelar todas esas realidades, ¿habría cambiado la percepción pública de la política exterior de Estados Unidos? ¿Hubiera desafiado la noción estadounidense de su excepcionalidad?

Tal vez una pregunta más inquietante sea si esas tendencias, presentes en el Estado Mayor Conjunto del 1964, están presentes en los corazones y las mentes de los altos dirigentes de hoy en día.

Traducción: Inalvis Campo Lazo y Melvis Rojas Soris.

*Escritor en WhoWhatWhy.

Tomado de WHOWHATWHY/9 de mayo del 2018



Entrevista al economista-político Julio Gambina sobre la situación tarifaria en Argentina y los cambios institucionales en Cuba

"Hay política económica para dos sectores, uno que recibe
los beneficios, que es minoritario, y otro mayoritario
que queda afuera"

Mario Hernández

M.H.: ¿Podemos hablar de una rebelión contra las tarifas?

J.G.: Y bien puedes recuperar la rebelión que hubo al inicio del gobierno de Macri, a comienzos del 2016, una de las primeras crisis políticas del gobierno fue por las tarifas de servicios públicos. La gran movilización y el accionar de la justicia hicieron que se morigeraran y postergaran las actualizaciones de tarifas. A partir de ahí empezó toda una estrategia institucional por parte del gobierno para poder aplicarlas y es lo que venía haciendo este año, que incluso se lanzó un cronograma de actualización de las tarifas que llega hasta junio.

La movilización popular otra vez se hizo presente e impactó en el sistema político, hubo un intento de sesión en el Parlamento que estuvo a punto de lograrse para discutir el tema y eso motivó el primer mensaje en cadena que fue más un spot publicitario que otra cosa, del presidente Macri aludiendo al tema de las tarifas y de alguna manera asociando a gobernadores e intendentes del país para que bajen tasas, impuestos y recular sin hacerlo del todo, no dando el brazo a torcer con la cuestión de fondo que es la actualización de las tarifas, pero intentando transferir a municipios y provincias una parte del ajuste que hasta ahora pretendía trasladarse a usuarios domiciliarios, usuarios empresarios, con un impacto muy fuerte en sectores de menos ingresos, con familias que no pueden pagar o de emprendimientos económicos o sociales que se ven ante la discusión si pagar las tarifas de servicios públicos o atender a su objetivo principal.

Es un tema que ha generado un debate político muy interesante que por ahora, y para mi criterio, lamentablemente solo está contenido en la tarifa. Creo que sería bueno abrir un debate sobre la cuestión energética si se quiere, o sobre si los servicios públicos, en este caso la energía, es una mercancía o es un derecho de la sociedad.

Macri en su mensaje plantea que la energía no es gratis, y claro, nada lo es, cualquier bien o servicio generado por el trabajo humano tiene un costo, el problema es quién se hace cargo de pagar ese costo y cómo se distribuye en el conjunto de la sociedad. Porque si la energía, por ejemplo, es una mercancía más, la paga el que tiene ingresos y el que no tiene ¿qué va a hacer? Entonces se buscan soluciones como el de la tarifa social, o mecanismos similares que no alcanzan a cubrir las necesidades del conjunto de la población.

Lo que pasa con la energía sucede con la salud, con la educación, pasa en todo nivel y lo que se está gestando no es desde ahora sino desde hace muchos años, es una Argentina en dos velocidades, una parte importante de la sociedad que está bajo la línea de indigencia, bajo la línea de la pobreza, con dificultades de ingresos, con informalización explícita en las relaciones laborales, que no tiene acceso a un conjunto de bienes y servicios para satisfacer necesidades, y otra parte que recibe los beneficios de la desigualdad, de la fuerte concentración de ingresos y riqueza que hay en el país.

Por lo tanto, hay política económica claramente para dos sectores, una parte que puede recibir los beneficios de la política económica, que es minoritaria, y otra mayoritaria que queda afuera.

M.H.: Has visitado en muchas oportunidades y reflexionado sobre Cuba, donde se produjo un cambio histórico. De alguna manera se corre del escenario Raúl Castro, sucesor de su hermano Fidel, para darle lugar a un Presidente cubano que no participó de los hechos de la revolución del 59. ¿Cómo ves este cambio y el futuro de Cuba?

Nadie sabe todavía cómo funciona una sociedad socialista

J.G.: Me parece que es interesante señalar, en primer lugar, que Cuba es un proyecto político que trata de dar previsibilidad. Recién decías y se usa mucho la expresión “Raúl Castro se corrió” y no es así, sino que se establecieron en su momento normas de funcionamiento político donde ningún dirigente podía estar más de dos períodos en función de gobierno. Eso es lo que ocurrió ahora, se terminaron los dos períodos y, por lo tanto, lo que correspondía era que la Asamblea Nacional del Poder Popular, la institución de gobierno en Cuba, designara el nuevo Consejo de Ministros.

Ahí hay un proceso de renovación muy importante, no solo en el presidente, que es Miguel Díaz-Canel, hombre que nació el año de la Revolución, acaba de cumplir 59 años, nació el mismo año del triunfo de la revolución cubana. Pero además una Asamblea Nacional que tiene paridad de género en su composición y que en el Consejo de Ministros ha instalado también la paridad de género y hay un crecimiento de la población negra en la Asamblea y en el Consejo. Temas que son muy poco conocidos en el análisis político de qué es lo que está aconteciendo en Cuba. Y con un desafío muy grande, sobre todo por tu pregunta a futuro, de continuar el cambio de modelo económico que empezaron en el 2011.

En ese año la dirección de la Revolución cubana con Fidel a la cabeza, señalaron que el modelo económico cubano no estaba funcionando, que había que modificar una cantidad de cosas. Empezaron un proceso, lo primero que hicieron fue debatir, durante un año lo hicieron, se contabilizan cerca de 9 millones de personas que protagonizaron ese debate. Para los que no lo saben, Cuba tiene 11 millones de habitantes. El cambio de modelo económico fue discutido a diestra y siniestra a lo largo y a lo ancho del país, en todos los ámbitos de trabajo, etc. Y uno de los temas principales fue que habilitaron la salida de trabajadores del Estado para la actividad privada, no de ámbitos estratégicos, como podría ser la minería del níquel, sino de aquellos que se dedican, por ejemplo, a la gastronomía, en restaurantes, cafeterías y demás, a la generación de cooperativas urbanas, hoy más del 40% de la población trabajadora ya no revista en el Estado.

Muchos leen eso como una futura tendencia a la privatización de la economía. Yo corrijo el tema y digo que hay una tendencia a la privatización de sectores no estratégicos de la economía. Porque cualquiera que lee o escucha desavisado, enseguida asocia privatización a la de la Argentina en los ´90 y cuando hablábamos del tema energético decíamos que lo que primero habría que discutir es que para la sociedad argentina las privatizaciones de sectores estratégicos fue un fracaso, entre ellos la continuidad de YPF de gestión estatal, que sigue siendo privada y no en vano Macri mandó su mensaje con Vaca Muerta de paisaje de fondo, señalando que la Argentina ha vuelto a crecer en la producción de gas, cosa que es cierta, pero tiene que ver con la utilización del fracking y mecanismos altamente contaminantes.

Menciono esto porque no es lo mismo la privatización de la economía argentina que la reorientación de trabajadores del Estado en Cuba hacia el sector privado. Hay matices muy importantes.

Otro matiz importante y que tiene que ver con el futuro es que Cuba ha decidido normalizar su situación de la deuda pública y la está pagando.

Alguien podría decir que en Argentina también se paga la deuda, el problema es que la deuda que está pagando Cuba la hace con procesos de renegociación, por ejemplo, la deuda que reclamaba Rusia se negoció con una condonación del 90%. Y el 10% restante se paga con convenios de inversión rusa en Cuba para proyectos de desarrollo productivo, que son consensuados entre los dos países. Algo muy distinto a la hipoteca que supuso el pago de la Argentina a los fondos buitres ni bien asumió el gobierno de Macri, que fue un acuerdo parlamentario de oficialismo y oposición, obtuvo votos del PJ y de otros partidos que facilitaron ese acuerdo.

Yo creo que hay un tema muy interesante para discutir, primero la autocrítica de Cuba que plantea la necesidad de modernización, readecuación del modelo económico insistiendo hasta el cansancio, sin abandonar el proyecto socialista. Lo que Cuba discute como una experiencia que intenta el tránsito del capitalismo al socialismo, es plantearle a la sociedad mundial que en las condiciones actuales del 2018 Cuba se sigue animando a plantear un proyecto socialista.

Como dijo Fidel en su momento, nadie sabe todavía cómo funciona una sociedad socialista, es una experiencia en construcción y Cuba es una de las experiencias más interesantes para analizar ese tránsito. Creo que ha dado pasos muy importantes en el plano político, vos lo señalabas bien, este va a ser el primer Jefe de gobierno que no protagonizó aquel acontecimiento originario de la llegada a La Habana el 1º de enero del 1959. Es un hijo de la Revolución, acaba de cumplir años. Es un ingeniero que ha hecho una carrera, un desarrollo de actividad más que interesante. Además de ser Vicepresidente primero del Consejo de Ministros acompañando a Raúl Castro en la última etapa, antes fue Ministro de la Educación Superior y anteriormente, entre muchas otras actividades, fue secretario del Partido Comunista de Cuba en Holguín que es la provincia minera del níquel. Bajo su gestión al mando del Partido estimuló la presencia de la primera gobernadora de un Estado provincial. Hoy las mujeres han ido creciendo en los puestos de las provincias cubanas, en los municipios. La tendencia es a la igualdad de género en los procesos de toma de decisión del sistema político en Cuba.

Entre las características importantes de Díaz Canel y que tiene que ver con la renovación, en Holguín impulsó un importante desarrollo de la cultura, en acuerdo con muralistas, músicos, pintores de muy diversas características, impulsando como cosa curiosa bares temáticos, un bar dedicado a Los Beatles con una mesa en la que está el cuarteto compartiendo y que cualquier persona que va puede acercarse a esas estatuas. O un bar temático asociado al Jazz, entre muchos otros. Un despliegue de la cultura popular, social, un fuerte vínculo con los sectores juveniles que es uno de los desafíos que plantea la Revolución cubana, en el sentido que las nuevas generaciones están muy lejos de aquel apetito revolucionario que había en los 50 que motivó que jóvenes como Fidel, Raúl, Camilo Cienfuegos y el Che se encaminaran en ese proceso revolucionario que terminó en el triunfo del 1959, por lo tanto, recrear los vínculos con la juventud cubana actual es un tema muy importante en la perspectiva de desafío.

Todo esto en el marco de una fortísima ofensiva de las clases dominantes ante cualquier proyecto de cambio en la región. Estos últimos días el tema ha estado muy caliente en Nicaragua. El propio gobierno nicaragüense, del Frente Sandinista de Liberación haciendo caso a una sugerencia del FMI intentó aplicar una reforma regresiva en el sistema de pensiones y se motorizó una rebelión que fue estimulada e impulsada por sectores opositores y el gobierno retiró la reforma y en el medio quedaron una treintena de muertos, tanto de la policía como de manifestantes.

Esto de Nicaragua es parte del retiro de Argentina y sus socios en la región de Unasur. Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Colombia, Perú, que plantean que se retiran porque creen que Venezuela y Bolivia son obstáculos. Pensar la subsistencia de Cuba en las condiciones de ofensiva de las clases dominantes a escala mundial y regional es para pensar seriamente. Muchos pensaron que Cuba se iba a caer en los ´90 cuando cayó la URSS.

M.H.: Durante el período especial.

J.G.: Quien conoce un poquito de Cuba sabe que lo curioso es cómo en ese período especial de grandes restricciones económicas Cuba no bajó su presupuesto social, de educación y salud, siguió estimulando el desarrollo educativo y de la salud, que es uno de los sectores que se destaca por la innovación tecnológica en materia de vacunas y biotecnología. Si hay un país que le ha dado aliento a la ciencia y a la técnica es Cuba. Con premios y destaques internacionales.

Menciono todo esto no porque el modelo cubano sea perfecto, sino para señalar que es una experiencia muy interesante para estudiar y lamentablemente los medios hegemónicos la maltratan e incluso califican risueñamente el acontecimiento político que estamos comentando como una nueva etapa de la dictadura en Cuba, de una designación a dedo, sin comprender la lógica democrática que supone la elección que es totalmente distinta a cómo se procesa en la mayoría de los países, vía partidos políticos que compiten entre sí y que ahora está claramente demostrado que lo hacen ayudados por la corrupción de las grandes empresas que financian las campañas políticas de todos los partidos.

Eso vale para Brasil, el Lava Jato y la discusión que hay sobre las coimas de las empresas, pero también vale para la Argentina, para EEUU con empresas que financian a todos los partidos, que ponen huevos en todas las canastas para asegurar la devolución de favores luego con esos gobernantes.

Ahora se ventila la corrupción kirchnerista porque la justicia en la Argentina esconde la corrupción macrista. Pero sectores ultra liberales señalan que Macri es hijo de una familia que fue beneficiada por los negocios estatales desde la dictadura militar en adelante. Por lo tanto, la cuestión de la corrupción tal como existe en Argentina, Brasil y en el capitalismo mundial es un tema muy alejado de lo que acontece en países como Cuba, por las limitaciones que supone el bloqueo estadounidense que no permite que haya inversiones estadounidenses en la isla.

Pero las condiciones en que funciona la economía y la política en Cuba son para ser estudiadas seriamente y no ser maltratadas como lo plantea la prensa hegemónica y es un tema para pensar todos nosotros, no para ser copiada, sí para ser emulada.

Para volver al tema original de la energía, es para pensar si en nuestro país, por ejemplo, no se trata solo de volver a la empresa estatal antes de las privatizaciones sino que a lo mejor la solución del problema energético en la Argentina es la socialización en la gestión de la energía, o sea, que los usuarios, los sectores económicos, cooperativas, pequeños empresarios, productores del campo, de la ciudad, se hagan cargo de la gestión empresaria desde la producción del insumo estratégico que es el petróleo hasta la distribución y transporte de la energía.

La Argentina está pagando el precio internacional del petróleo casi U$S 70 el barril cuando el costo de producción en Argentina está cerca de los U$S 10. Así que hay un margen de ganancia que lo acumulan las grandes petroleras y eso es lo que explica que en la Argentina en los últimos años lo que ha crecido es la remesa de utilidades al exterior, junto con otros mecanismos de fuga de capitales.

Cuba a contramano de lo que acontece en la mayoría de los países de América Latina, sobre todo los más desarrollados como México, Brasil, Argentina o Colombia, intenta un proyecto a contramano de la lógica de la ganancia y de la mercantilización. En ese camino va ensayando, yendo para adelante, volviendo para atrás y creo que lo que se ha abierto ahora es un desafío muy importante que ojalá sea más estudiado y analizado con seriedad en las Universidades en la Argentina. Yo hago un ensayo con alumnos de posgrado en varias universidades públicas en la Argentina donde enseñamos el modelo económico implícito en la Constitución boliviana, en la ecuatoriana, en la venezolana y los lineamientos del cambio económico en Cuba.

Es sorprendente cómo profesionales de las más distintas profesiones de la Argentina que cursan esos posgrados, no tienen ni idea del régimen político, económico y social de países que han intentado en los últimos años, novedades como que el Estado boliviano es un Estado plurinacional o que la economía comunitaria tiene carácter constitucional o en Ecuador donde la naturaleza es un sujeto de derecho, cuando en todo el mundo solo las personas físicas lo son.

Yo creo que hay una inmensa ignorancia de parte de las personas que supuestamente debieran haber cultivado el intelecto por haber cursado estudios universitarios y que están cursando cursos de posgrado y, sin embargo, son novedades generadas en América Latina y no las conocen. Por eso me parece que es muy útil profundizar la experiencia cubana, incluso la experiencia venezolana muy maltratada por la prensa y por este destrato que han tomado esos seis gobiernos de la región que se retiran de la Unasur agrediendo gratuitamente a Venezuela.

Aunque no sería gratuitamente, porque hay un interés malicioso planteando que había que convocar a elecciones, se convocó a elecciones, después hicieron que las postergaran, se postergaron, y ahora señalan que no van a reconocer el resultado electoral, porque saben que pierden. Porque hay un apoyo social muy importante, masivo, para ese proyecto de cambio que cuesta instalar porque hay una ofensiva de sectores hegemónicos a nivel global que atacan a Venezuela, desde EEUU y lamentablemente con el triunfo electoral del gobierno argentino se ha convertido en un liderazgo en la región que está muy por encima de aquellos surgidos de golpes de Estado “blandos” como se les llama ahora, como es el caso de Brasil.

Entonces creo que hay que estudiar y mirar seriamente lo que acontece en Cuba, la complejidad de la realidad venezolana e incluso la boliviana que es destacada como la que tiene mejores resultados económicos en la coyuntura. Pero todos son procesos muy complejos que pueden ayudarnos en nuestro caso para ver cómo superar esta etapa y cómo generar una discusión en la sociedad para que el debate no se quede, por ejemplo, en el tema de las tarifas, sino que salgamos a discutir el modelo económico. No se trata solo de desmercantilizar, tampoco se trata de volver a la economía estatal sino a mecanismos de socialización de la toma de decisiones para el modelo productivo y de desarrollo.

Tomado de REBELIÓN/5 de mayo de 2018


Luis Bilbao: “La izquierda latinoamericana volverá al poder, pero con otro liderazgo”

El periodista argentino Luis Bilbao, director de América XXI, afirmó que "los movimientos populares de América Latina volverán a tomar posiciones de poder, pero no con los mismos liderazgos".

Señaló que Argentina y Brasil experimentan los resultados de haber sido inconsecuentes con Venezuela cuando el comandante Chávez planteó estrategias verdaderamente revolucionarias.

Entrevistado por el periódico digital Supuesto Negado, Bilbao hizo un análisis de lo que sucede en materia política en América Latina y recordó que tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional.

Lo que ha pasado en varios países (Brasil, Nicaragua) y en la Unión de Naciones del Sur (Unasur), ¿indica que estamos en un retroceso de la izquierda o en la etapa preparatoria de una nueva oleada?

En un sentido, hay un retroceso, pues es evidente que en Estados Unidos, su Departamento de Estado, la estrategia imperialista ha ganado espacio. Pero yo no lo atribuyo de una manera genérica a un retroceso de la Revolución. Cuando hablamos de izquierda hay que hacer algunas precisiones porque se engloban cosas demasiado diferentes y a veces muy contradictorias. Ese concepto está cada vez más desdibujado. Prefiero hablar de fuerzas revolucionarias, socialistas o anticapitalistas.

En ese sentido, no hay un retroceso de ese conjunto de movimientos, pero sí ha habido, claramente, una derrota letal de todas las fuerzas reformistas que han tenido, en algunos casos, un cariz progresista, y en otros ni siquiera eso, y que no quisieron acompañar la propuesta revolucionaria de Venezuela y particularmente del comandante Chávez en su momento. No quisieron acompañar el ingreso al ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América), no quisieron acompañar la constitución del Banco del Sur, la moneda única latinoamericana. Incluso, tampoco acompañaron a Chávez en la propuesta de una Quinta Internacional. Ahora se está pagando el precio de esas inconsecuencias.

Bilbao subrayó que "la conducción revolucionaria venezolana previó circunstancias como las que se están viviendo e hizo todo lo posible para fortalecer las estructuras, las organizaciones y las tendencias que decían ser anticapitalistas o antiimperialistas, pero que en algunos casos no lo eran implícitamente y en otros casos no lo eran porque en la práctica no coincidían con sus discursos". El proceso que se está viviendo ahora es, a su juicio, una especie de depuración que pondrá en claro qué organización es realmente revolucionaria y cuál es pequeñoburguesa, reformista o con algunos atisbos antiimperialistas pero que no asumen la propuesta de transitar hacia un sistema diferente.

Añadió que en varios de los países latinoamericanos se ha pretendido reformar el capitalismo, avanzar en sentido social desde el mismo capitalismo, y eso tiene límites muy concretos. "Esos fueron los casos de los gobiernos de Brasil y Argentina, que se negaban por completo a una definición netamente antiimperialista y anticapitalista. Quisieron cabalgar en los dos sentidos, quisieron reformar el capitalismo con un sentido humanista y eso, ya se ha demostrado cabalmente, es imposible. Lo que estamos viendo ahora es la evidencia de esa imposibilidad. Por eso no se puede decir que sea un retroceso, sino más bien, una posibilidad de avance, porque en la próxima fase, que en mi opinión ya está comenzando, no tendremos que lidiar con este tipo de organizaciones que se impusieron en estos países con su proyecto de reforma capitalista".

El entrevistado se anticipa a alguna pregunta sobre el hecho de que tampoco en Venezuela se ha logrado una venturosa transición al socialismo, sino que se han producido efectos económicos desastrosos. "Eso es cierto, pero no ha sido la transición al socialismo lo que ha producido esos efectos, sino la fuerza contrarrevolucionaria que se lanzó sobre Venezuela para impedirle desarrollar la potencia de una propuesta anticapitalista. Es evidente que se paga un precio muy caro por tratar de traspasar esa frontera, pero ese precio es responsabilidad particularmente de nosotros los argentinos y de los hermanos brasileños que no pudimos constituir una fuerza para ponernos a la par del proyecto que estaba desarrollando el comandante Chávez y que luego siguió el presidente Nicolás Maduro".

¿Esa nueva etapa, que usted considera que ya ha comenzado, se daría con los mismos líderes de la vez anterior o con otros? Por ejemplo, ¿Luiz Inácio Lula Da Silva y Cristina Fernández de Kirchner volverían al gobierno, pero con una reflexión hecha, un enfoque nuevo?

Definitivamente no. En el caso de Cristina Fernández, eso está muy claro porque ella perdió tres elecciones sucesivas. La población le dio la espalda a su proyecto. En el caso de Lula no ocurre exactamente lo mismo, como tampoco se puede comparar, en absoluto, al Partido de los Trabajadores brasileño con las fuerzas que se sumaron al kirchnerismo en Argentina, pero de todas maneras me parece demasiado evidente que cuando estuvo en jaque el gobierno de Dilma Rousseff, el del PT, el de Lula, si queremos decirlo así, las masas no salieron a defenderlo. Y no lo hicieron porque ya el proyecto originario del PT había sido alterado, no había sido consecuentemente sostenido por Lula ni por Dilma. Así que en ninguna hipótesis esa nueva etapa será con los mismos liderazgos.

¿Qué puede decirse en el caso de Rafael Correa, en el que un sucesor autorizado e impulsado por él (Lenín Moreno), está desarrollando una estrategia aparentemente contra-revolucionaria?

Aquí tenemos también una experiencia muy importante. No es el mismo caso de Argentina y Brasil, aunque el compañero Correa quiere identificarse con estos dos procesos, lo que me parece un error estratégico de su parte. Lo que ocurrió en Ecuador fue también la indecisión frente a un programa de transición al socialismo, el tratar de cabalgar a dos aguas. También tenemos la negativa de Correa y de los principales líderes de su proyecto a construir un partido revolucionario, lo que sí se hizo en Venezuela. Ellos se negaron a constituir una Quinta Internacional cuando la propuso el comandante Chávez. Luego ocurren estas cosas aparentemente incomprensibles, como que el candidato elegido por Correa para la sucesión se da vuelta en el aire y empieza a aplicar una estrategia invertida al proyecto originario. Allí queda la certeza de que hace falta un programa, una estrategia y una organización seria, con cuadros, con liderazgos, para llevar a cabo una propuesta revolucionaria.

¿El retiro en bloque del grupo de países con gobiernos pro estadounidenses hiere de muerte a la Unasur?

No diría que la hiere de muerte en este momento, pero subrayaría el hecho de que Unasur está estructuralmente debilitada y poco menos que quebrada desde hace mucho tiempo. Incluso, en vida del comandante Chávez, ya Unasur no funcionaba como debía. Argentina y Brasil, con gobiernos supuestamente progresistas y antiimperialistas, se negaron a ingresar al ALBA, que era un nivel superior de definición ideológica y política, se negaron al Banco del Sur y a la moneda única latinoamericana. Con eso frenaron el movimiento y dejaron espacio para que posteriormente, cuando se impusieron las fuerzas conservadoras en esos países, pudieran romper con Unasur.

Ahora puede sobrevivir, pero como una fuerza indefinida en lo esencial. El verdadero eje de la estrategia para quienes ansiamos una verdadera política antiimperialista y anticapitalista es el fortalecimiento, el desarrollo, la ampliación del ALBA, no solamente con gobiernos sino con estructuras nacionales, para que podamos incorporarnos los integrantes de toda aquella enorme fuerza militante que en el resto de América Latina comparte los proyectos, las estrategias, las definiciones del ALBA, pero sus gobiernos no están en ella.

En el caso de Nicaragua, visto el conflicto surgido alrededor del tema de la seguridad social, ¿no será que a Daniel Ortega le está pasando lo mismo que a los gobiernos que quisieron cabalgar entre capitalismo y socialismo?

No. Creo que es diferente, aunque debo admitir que no conozco el caso en detalle. Sí es cierto que hay una reticencia o una toma de distancia respecto a una política de transición franca al socialismo. Cuando uno mira objetivamente el proyecto de Daniel Ortega para resolver el problema previsional, debe coincidir con él en que es imprescindible tomar esas medidas. El problema es que esas medidas están enteramente dentro del marco de un cuadro capitalista.

Aquí pongo de ejemplo el caso argentino, donde se ha criticado mucho al gobierno de Macri por la reforma previsional que hizo, y en muchos sentidos es correcto criticarlo, pero desde el punto de vista real es imposible, bajo el modelo capitalista, sostener el sistema previsional argentino, que es bastante amplio y avanzado, sin hacer esos ajustes. Esto lleva a la reconfirmación de que, en el sistema capitalista, tarde o temprano siempre pagan las masas por las crisis estructurales. Es parte del modelo que estas crisis las deben pagar los pueblos, no las clases dominantes, no las trasnacionales ni las burguesías.

¿El cambio de mando en Cuba (con la elección de Miguel Díaz-Canel) qué expectativas genera en este sentido?

Creo que hay un cambio de nombre y de generación en el ejercicio inmediato del poder. Eso es positivo, sobre todo porque se pudo hacer con toda tranquilidad desde el punto de vista político y social. Ahora bien, en Cuba, como en cualquier otro país, está planteada la discusión de cómo hacer para resolver los dramáticos problemas económicos de nuestros pueblos: ¿con el concurso de la economía de mercado o buscando profundizar la economía socialista, es decir, la planificación y la participación popular? Allí ese debate también va a darse. Lo seguiremos muy de cerca, con mucha esperanza, con mucha expectativa y con mucha confianza en la historia de la Revolución Cubana. En ese caso creo que están dadas las mejores condiciones para que tenga un desenlace positivo.

Siempre queda la posibilidad de que salga por ahí otro Lenín Moreno…

En Argentina decimos "que en lugar de pato salga gallareta"… Pero yo creo que podemos confiar. En todo caso, pero la batalla está planteada porque siempre habrá fuerzas que propongan resolver los problemas del socialismo con recetas de mercado.

Tomado de AMÉRICA XXI/8 de mayo del 2018


Estados Unidos no deja de mirar hacia América Latina

Jesús Arboleya*

Algunos afirman que América Latina no es una prioridad para Estados Unidos. Es verdad que apenas se menciona en los documentos rectores de su política exterior, que sus dirigentes no gustan mucho de pasearse por nuestros países, que su respeto por los gobernantes latinoamericanos es muy limitado y que la prensa le otorga menos atención que a otras regiones del mundo. Sin embargo, América Latina no deja de estar bajo el microscopio de Estados Unidos, porque constituye un elemento indispensable de su sistema hegemónico mundial.

Las embajadas, los órganos de inteligencia, las delegaciones militares, los grupos económicos, las instituciones académicas y culturales, los medios de prensa, las redes sociales y multitud de organizaciones de todo tipo, conforman una inmensa red de mecanismos gubernamentales, paragubernamentales y no gubernamentales que aportan una visión más o menos certera de la realidad latinoamericana.

Tal estructura, diversa y a veces contradictoria, permite al gobierno norteamericano detectar brechas en el sistema de dominación y articular las acciones encaminadas a enmendarlas. Aunque estas acciones tienden a corresponderse con las características de los gobiernos de turno, sus objetivos estratégicos son los mismos. Una de sus características es que el resultado de estas observaciones por lo general conlleva a la utilización de viejos métodos para resolver nuevos problemas. No hay mucha imaginación en la política de Estados Unidos hacia América Latina.

Aunque ahora es más complicado recurrir a las invasiones, ocupaciones y las dictaduras militares de antaño, la línea dura prevalece en la estrategia norteamericana hacia la región, incluso en períodos donde se suponía que el llamado “poder suave” regía la política en el área —dígase la Alianza para el Progreso, de John Kennedy, o la “nueva política” de Barack Obama—. Qué decir entonces de un gobierno como el de Donald Trump, que reivindica la doctrina Monroe como derecho estadounidense sobre el continente.
Solo Cuba logró escapar de esta envoltura y ha sido a un costo tremendo. Sobre todo cuando la desaparición de la Unión Soviética privó al sistema cubano de la alternativa que hasta entonces había posibilitado su inserción en la arena internacional, y provocó un necesario reajuste estructural que aún no ha concluido, incorporando sus propias incertidumbres al modelo cubano. En estas condiciones, incluso los procesos políticos inspirados en la Revolución Cubana se han visto impedidos de repetir el experimento y han tenido que navegar sin una guía que oriente sus acciones, lo que explica muchos de sus desaciertos desde el punto de vista político y administrativo.

Los llamados “gobiernos progresistas” no fueron el resultado de una conciencia popular debidamente articulada o la unidad orgánica y programática de sus actores. Surgieron de manera casi espontánea, a partir de una amalgama de organizaciones, grupos e individuos muchas veces divididos entre sí, impulsados por los efectos concretos del neoliberalismo y el propio deterioro de la gobernabilidad que el modelo promociona, en su interés por liberar al mercado de cualquier tipo de ataduras.

Por su propia naturaleza, se plantearon las reformas del sistema a partir de un complicado consenso respecto a las normas establecidas, y sus políticas populares se centraron en imponer mejoras a los mecanismos de distribución del excedente nacional, siendo muy vulnerables a los vaivenes de la economía. La decadencia de los gobiernos progresistas en América Latina ha estado íntimamente relacionada con el deterioro de los precios de las materias primas en el mercado mundial, una demostración de que estamos en presencia de un problema estructural determinado por la globalización neoliberal, que aplica por igual a los gobiernos de cualquier signo político.

A ello se suma la contradicción existente entre la disfuncionalidad del capitalismo real y el apogeo de la ideología que lo sustenta. Ello condiciona que las metas de los procesos progresistas han estado muy influidas por el individualismo y el consumismo, lo que dificulta la convocatoria colectiva, y establece la paradoja de que las mejoras sociales, orientadas a los sectores más pobres, se debilitan precisamente en la medida en que mejoran sus condiciones de vida.

En las actuales condiciones, el llamado progresismo, contentivo de muchas “izquierdas” —de por sí un término muy relativo—, también requiere de políticas para captar y educar a la clase media, depositaria de los mitos más atractivos de la ideología capitalista, y uno de los elementos más dinámicos de la vida política en la mayoría de los países.

Desde el punto de vista político, los gobiernos progresistas apenas lograron establecer limitaciones a los poderes fácticos imperantes, dígase los grupos económicos, los partidos políticos, los medios informativos, el sistema judicial o los cuerpos militares y de seguridad, los cuales han mantenido su facultad para afectar sus políticas y recuperar zonas de influencia en la población.

Tampoco pueden darse el lujo de cometer pecados, como el divorcio de las masas, la corrupción, la arbitrariedad o la represión de la población, toda vez que la fuente de su poder radica en su legitimidad moral. Es cierto que la derecha ha demostrado capacidad para manipular la realidad y lo ha hecho sin escrúpulos, pero en ocasiones la izquierda les ha facilitado el trabajo al perder credibilidad y afectar las bases de su respaldo popular.

Esto explica la pérdida de algunas elecciones y, sobre todo, el deterioro de su capacidad movilizadora en algunos casos, lo que ha posibilitado la impunidad con que la derecha ha llevado a cabo golpes de Estado, la manipulación del sistema judicial y fraudes electorales escandalosos.

No es noticia que estamos frente a un repunte de la derecha en el continente y que Estados Unidos, con la colaboración voluntaria o condicionada de sus aliados, aprovecha la coyuntura para aplicar todos sus recursos con vista a asfixiar a los gobiernos progresistas que aún subsisten —especialmente en el caso de Venezuela—, así como desmantelar los mecanismos de integración que caracterizaron el proceso regional en el pasado reciente e imponer el viejo panamericanismo a través de la OEA.

El problema a considerar es si Estados Unidos está en condiciones de llevar a feliz término esta política. En el mundo actual son muchos los actores gubernamentales y no gubernamentales que intervienen en cada escenario específico. Por ejemplo, la competencia económica de China en Latinoamérica, cuya eliminación constituye el centro de la política de Trump hacia la región, es un fenómeno con bases objetivas que Estados Unidos no tiene la capacidad económica de evitar, no importa si la derecha o la izquierda gobierna un país determinado. Basta mirar la historia reciente de Brasil, Chile o Argentina para comprender esta afirmación.

Incluso las políticas proteccionistas impulsadas por el actual gobierno norteamericano, condicionadas por necesidades económicas y políticas domésticas, limitan aún más la capacidad de enfrentar la competencia china y de otros países y encuentran franca oposición en importantes sectores económicos nativos, cuyos intereses transnacionales se contraponen a este supuesto interés chovinista de “América Primero”.

Si antes era indispensable, en la actualidad Estados Unidos tiene una escasa posibilidad real de “ayudar” a sus aliados latinoamericanos, lo que explica que prime la política de desecharlos cuando dejan de resultar funcionales.

Los gobiernos de derecha latinoamericanos, que no han hecho otra cosa que reproducir las viejas formas neoliberales antes fracasadas, más temprano que tarde están destinados a enfrentar una renovada oposición popular, incrementando los niveles de ingobernabilidad de sus países.

Una buena interrogante es si la derecha, acorralada por estos acontecimientos dentro de los marcos que le impone la democracia representativa, romperá estos límites para volcarse hacia la represión más descarnada e imponer dictaduras, como ocurrió en el pasado. En algunos países latinoamericanos ya existen muestras de estos procesos y el avance del neofascismo es una realidad internacional, presente incluso en los propios Estados Unidos.

Sin importar los reveses coyunturales, las condiciones objetivas continúan actuando a favor del progresismo en América Latina. Pero eso no basta, hace falta el desarrollo de una doctrina de “contrapoder inteligente”, basada en la articulación de verdaderos procesos de participación popular que aseguren la continuidad de los movimientos sociales en el poder.

*Doctor en Ciencias Históricas, profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales.

Tomado de PROGRESO SEMANAL/9 de mayo del 2018


El amigo americano persevera en la Doctrina del Abandono

Joan del Alcàzar*

La salida de la UNESCO, el fin de la participación en el Tratado Trans-Pacífico (TTP), la retirada del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y la amenaza de cancelar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y Canadá son parte de una serie de medidas tomadas por el gobierno de los Estados Unidos de América (EEUU) presidido por Donald Trump. Ahora, éste ha decidido, con una exhibición de irresponsabilidad inaudita, romper el Tratado Nuclear con Irán y, además, ha anunciado sanciones económicas contra ese país.

El jefe de la Casa Blanca practica lo que ha sido bautizado como la Doctrina del Abandono. Varios analistas han señalado que la principal motivación de Trump para sacar a EEUU de estos acuerdos es desmantelar el legado de su antecesor, Barack Obama. Es verdad que tanto el acuerdo nuclear con Irán, como el TTP y el Tratado de París fueron éxitos de la Administración Obama. Pero no es solo eso. La obsesión de romper las alianzas multilaterales se ha convertido en el eje de su política exterior, una estrategia que conecta claramente con la simpleza de su lema de campaña: "EEUU primero". Conviene recordar que pocos meses después de asumir la presidencia, Trump declaró: "Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh (la gran ciudad industrial estadounidense) no a los de París".

Llegados a este punto, si hemos entendido bien el resultado de la última reunión franco-alemana, desde la Unión Europea se ha dicho, por boca de Macron y Merkel, que hemos llegado a una nueva etapa de nuestra historia como europeos en la que ya no podemos mantener la confianza en "nuestro amigo americano".

La historia de la amistad es larga. EEUU se convirtió en la gran potencia continental americana después del 1898, al completar su expansión territorial hasta el Pacífico y, después, al finalizar como vencedora indiscutible en una guerra desigual con España por la isla de Cuba. Cabe decir que el balance de aquella confrontación fue la crónica de un desastre anunciado. Desde Madrid hacía más de un siglo que se sabía que el nuevo país que había surgido de la independencia de las Trece Colonias británicas provocaría muchos perjuicios a España.

El Intendente de Venezuela ya comunicó en el 1781 a Carlos III que, tras la independencia de las colonias británicas, "las Américas han salido de su infancia". Planteaba, además, una pregunta concreta: "si no ha sido posible a Gran Bretaña reducir a su yugo a esta parte del Norte, encontrándose bastante cercana a la metrópoli, ¿qué prudencia humana podrá dejar de temer muy arriesgada igual tragedia en los asombrosos y extensos dominios de España en estas Indias"?

El Conde de Aranda en una línea similar, afirmaría, 1783 que "el dominio español en América no puede ser muy duradero", y ello no solo por la dificultad de defenderlo dada la distancia y por los abusos de los funcionarios peninsulares, sino porque la ex-colonia británica "en breve plazo se convertirá en un gigante que pronto amenaza las posesiones españolas".

El Conde de Aranda no podía sospechar que ciento quince años después España perdería su última colonia en América, precisamente, ante aquel gigante que él percibía tan claramente como una amenaza.

De potencia continental americana, EEUU pasó a ser potencia mundial al finalizar la I Guerra Mundial en el 1918, después de haberse sumado en el 1917 a los Países Aliados en contra de las Potencias Centrales. El status de superpotencia lo alcanzará en el 1945, al terminar la II Guerra Mundial con la derrota de las potencias del Eje.

Este drama bélico también convirtió a la Unión Soviética en la otra superpotencia planetaria, y se conformó entre ambas el escenario para la Guerra Fría, que se prolongó durante los siguientes 46 años. Paralelamente, la finalización de la Segunda Guerra Mundial marcó el declive y la pérdida de influencia de las grandes potencias europeas, que se materializaría, por un lado en el inicio de la descolonización de Asia y África; y, por otro, con un seguidismo total de los países europeos a las directrices establecidas desde Washington respecto, también, las relaciones internacionales.

La constitución de la OTAN en el 1949, a raíz de un acuerdo firmado en Washington, había sido diseñada para ser una garantía de seguridad y también de control de los estados de Europa Occidental ante la Unión Soviética y sus aliados, que en el 1955 constituirían el Pacto de Varsovia. Tras la desintegración de la URSS, la OTAN redefinió sus objetivos y actividades, priorizando fundamentalmente la seguridad del Hemisferio Norte. Cabe decir que, desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump se mostró hostil con la Alianza y fue particularmente desagradable en la primera reunión de los socios mandatarios a la que asistió. De hecho, desde entonces exige que todos los miembros incrementen sustancialmente su colaboración económica, recordando con insistencia que EEUU aporta las dos terceras partes de los recursos económicos.

Con todos estos antecedentes históricos es muy importante que, tras el último abandono de Trump a propósito de Irán, el presidente francés Macron y la canciller alemana Merkel hayan defendido la necesidad de avanzar en una política de seguridad común europea y en la preservación del multilateralismo. Concretamente, Merkel advirtió de los desafíos internos y externos a los que Europa hace frente, de la peligrosa política aislacionista de Estados Unidos, de los conflictos sin resolver y de las nuevas amenazas.

Con una dureza inhabitual en el lenguaje entre mandatarios, la canciller dijo: "Hay conflictos en las puertas de Europa. Y la época en que podíamos confiar en los EEUU se terminó". Macron, a su vez, no se quedó atrás: "Algunas potencias han decidido incumplir su palabra: estamos ante grandes amenazas y Europa tiene el deber de mantener la paz y la estabilidad en la región".

La estabilidad de la Unión Europea, todavía más después del Brexit, no es solo un problema de defensa, ni simplemente un problema militar. Pasa por la necesidad de fortalecerla en un mundo en el que entre China, Rusia y EEUU dirigidos por un personaje como el actual presidente pueden convertirla en actor prescindible en el escenario internacional.

Las discrepancias entre los países miembros en materia comercial, en política financiera y la ausencia de una política internacional común -digna de tal nombre- son obstáculos de gran envergadura para avanzar hacia una Unión Europea que sea algo más que un club de socios que se miran obsesivamente su ombligo nacionalista. El peligro real es que Europa quede como un inmenso parque temático cultural y de ocio para que lo visiten oleadas de chinos, japoneses, rusos y americanos.

Rajoy ha convertido a España en irrelevante en el escenario europeo, por su falta de liderazgo y por su incapacidad para resolver el problema con Cataluña. Esto cuando debería jugar un papel en correspondencia con su peso económico, demográfico y geoestratégico dentro de la UE. Pero no lo hará. No tiene ni conocimientos ni destrezas. Si no sabe qué hacer con España, qué va a saber sobre cómo colaborar en redefinir Europa.

La coyuntura es más que preocupante. El amigo americano, del que los gobiernos del PP han sido particularmente incondicionales [recordemos, por ejemplo, aquel patético Aznar como comparsa del Trío de las Azores], es otra vez una amenaza, como lo era a finales del siglo XVIII. Pero Rajoy no tiene la capacidad analítica que demostró hace más de dos siglos el Conde de Aranda. Es por ello que si, efectivamente, tal y como parece, hemos llegado a una nueva etapa de nuestra historia como europeos, es imprescindible sacar a Rajoy y el PP del gobierno de España. Hay que trabajar muy en serio para redefinir la Unión Europea, con urgencia, con liderazgo y con ideas claras.

*Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, ex-director del Centre Internacional de Gandia, autor de libros de ensayo, y perito de la acusación del sumario que instruía el juez Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet por genocidio.

Tomado de EL MERCURIO DIGITAL/14 de mayo del 2018


CEPAL: en la ruta contraria al neoliberalismo

Juan J. Paz y Miño Cepeda*

La semana pasada se realizó en La Habana, Cuba, el 37º período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), que celebró sus 70 años de existencia, pues fue creada por las Naciones Unidas en febrero del 1948. El eje de esta reunión ha girado en torno al desarrollo económico y la desigualdad, que son temas vitales para la región.

Pero esa trascendental reunión no pasó de ser más que una noticia internacional de referencia, que no destacó los contenidos del tema central, que es lo que debía interesar. Y ello se debe a que en el continente dominan los enfoques empresariales y neoliberales sobre las propuestas alternativas y críticas, como son precisamente las que Cepal ofrece. El ruido de los conceptos aperturistas sobre competitividad y mercados, en una América Latina dominada por las élites empresariales, los medios de comunicación privados y los gobiernos de la derecha política, ha opacado los estudios rigurosos de la Cepal.

Sin embargo, Cepal es hoy la más importante institución regional en la esfera académica de la economía. Uno de los persistentes ejes en sus estudios ha sido la redistribución de la riqueza. Sus datos son contundentes: una élite de millonarios continúa concentrando la riqueza, mientras millones de habitantes latinoamericanos mantienen condiciones precarias de vida y de trabajo. Hay que imponer a esos ricos fuertes impuestos. Además, hay que fortalecer las capacidades estatales. Y fomentar los capitales productivos, para el crecimiento endógeno, sin el aperturismo indiscriminado de los mercados desregulados.

Pero las tesis cepalinas no son atendidas como se merecen. Desde luego, no proponen el derrumbe del capitalismo, acciones revolucionarias, ni el paso al socialismo. Y por ello incluso sectores de las izquierdas y hasta de los marxistas, que deberían considerar sus planteamientos, giran la vista a otros lados. Peor aún las élites empresariales y las derechas económicas, entre las que solo prima el interés por los buenos negocios y de ninguna manera el reparto de la riqueza que conlleve a una sustancial mejora de las clases medias, populares y trabajadoras.

El pensamiento cepalino choca contra el neoliberalismo. Hace reflexiones y propuestas para que el capitalismo latinoamericano al menos funcione sobre bases de responsabilidad empresarial, orientación social en cuanto a servicios públicos y capacidades estatales que fortalezcan los intereses nacionales sobre los privados.

El reciente trabajo de investigación que la Cepal ha presentado en la reunión de La Habana se titula La ineficiencia de la desigualdad (https://bit.ly/2KjOVWi). Allí queda en claro que precisamente la desigualdad es la que tiene impactos negativos sobre la producción, los recursos fiscales, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo de la sociedad basada en conocimientos.

El impacto es de tal magnitud que América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo, con un coeficiente de Gini promedio de 0,5 comparado con 0,45 de África Subsahariana, 0,4 de Asia Oriental y el Pacífico, y 0,3 para los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Además, nuevamente Cepal destaca que la evasión tributaria en la región alcanza al 6,7% de su producto interno bruto (PIB) solo en términos del impuesto a la renta y el impuesto al valor agregado.

Está muy claro para la entidad que las políticas de Estado para promover la igualdad provocan resultados positivos en el bienestar social y cambios económicos indudablemente favorables al crecimiento, la innovación y el adelanto general. Y vincula su estratégica visión a la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados por las Naciones Unidas en el 2015.

Como señala Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de Cepal: “La economía política de sociedades altamente desiguales y la cultura del privilegio son obstáculos para avanzar en un desarrollo con igualdad. La región ha heredado los vestigios coloniales de una cultura del privilegio que naturaliza las jerarquías sociales y las enormes asimetrías de acceso a los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos. Debemos consolidar una cultura de igualdad de derechos que está en las antípodas de la cultura del privilegio”.

Pero estos temas, estos enfoques y propuestas, son campantemente ignorados en Ecuador. No solo porque las élites empresariales y sus economistas ideológicos los desprecian o ni siquiera los conocen por ignorancia, sino porque chocan contra sus propias propuestas orientadas a otros caminos.

En lugar de hacer caso a la Cepal, en Ecuador se camina por el lado opuesto, escuchando, en cambio, los exclusivos planteamientos de las cámaras de la producción convertidas en aliadas privilegiadas para una nueva economía; se considera que la remisión de impuestos y el perdón de las deudas al SRI y al IESS (es decir, la legalización institucional de la corrupción privada) son fórmulas para promover las inversiones y la productividad; se restan capacidades al Estado y se cree que la suscripción de tratados de libre comercio, los convenios bilaterales de inversión y el aperturismo indiscriminado son fórmulas salvadoras contra las herencias de la década pasada.

El retroceso de los conceptos económicos oficiales en Ecuador es alarmante para un contexto latinoamericano que, como lo advierte el estudio de la Cepal, debiera establecer otro modelo de desarrollo económico.

*Historiador, profesor e investigador ecuatoriano. Doctor en Historia. Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia. Ex Vicepresidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Tomado de RUTA KRITICA/13 de mayo del 2018


Impactos invisibles de la era digital

Una simple transacción en bitcoins requiere la misma cantidad de energía que usa una casa promedio en EEUU durante dos semanas

Silvia Ribeiro*

Cuando pensamos en la era digital, probablemente lo primero que acude a la mente son computadoras, teléfonos móviles y otros elementos obvios de lo que se ha dado en llamar TIC: tecnologías de información y comunicación. Parece algo etéreo, pero en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos.

Además, la industria digital va mucho más allá de esas primeras imágenes. Es una de las bases fundamentales del tsunami tecnológico que ya está sobre nosotros, pero que difícilmente percibimos en todas sus dimensiones. Entre ellas, por ejemplo, el rápido avance del Internet de las cosas, que se propone sustituir al comercio convencional –incluyendo hasta la compra semanal de los hogares–; la tecnología digital que mueve los mercados financieros; las transacciones y monedas digitales; la digitalización de la agricultura, con el uso de autómatas, drones, satélites, sensores y big data; la optogenética que propone manipular seres vivos a distancia; la omnipresencia de cámaras y sensores que se comunican con gigantescas bases de datos, que pueden incluir hasta nuestros datos genómicos; el Internet de los cuerpos, con la digitalización de la medicina y las nuevas biotecnologías, y el avance de la inteligencia artificial que subyace a todo ello. Todas son áreas de fuertes impactos –escasamente comprendidos por la sociedad– y la lista apenas comienza.

Uno de los aspectos más pesados y a la vez invisibles de la era digital, es que contrariamente a lo que se podría pensar, los impactos materiales, en el medio ambiente, en recursos y demanda de energía son enormes. Jim Thomas, codirector del Grupo ETC, ejemplifica esto en tres sectores: el iceberg de la infraestructura digital, la demanda de almacenamiento de datos y la voraz demanda energética del uso de las plataformas digitales.

La infraestructura digital y de telecomunicaciones ya instalada es muy desigual. Mientras en la mayoría de países de África y otros países del Sur global no llega a 20% de acceso de la población, en América del Norte supera 90%. En conjunto, constituye lo que Benjamin Bratton llama la mayor construcción accidental de infraestructura que la humanidad haya hecho jamás. Es decir, la infraestructura está conectada –o pretende estarlo– a todos los rincones del planeta, pero nunca se han tomado decisiones de conjunto sobre ésta, sus múltiples implicaciones e impactos.

La mayor parte de la discusión global al respecto, a menudo promovida por empresas de telecomunicación y big data, es sobre supuestos aspectos de equidad (todos deben tener derecho de acceder a la red), y por tanto lo que plantean es que los gobiernos o agencias de apoyo al desarrollo deben construir y pagar por la infraestructura donde no la hay, y en muchos casos le dan prioridad frente a otras necesidades. Lo que en general no se nombra es que la expansión de la infraestructura digital implica, entre otras cosas, aumentar la red de radiación electromagnética a todas partes, que tiene efectos negativos graves, pero poco estudiados, sobre la salud y la biodiversidad. Es, además, un motor de conflictos para extraer los materiales necesarios para construir teléfonos celulares y otros aparatos de trasmisión y recepción.

Paralelamente, el almacenamiento de toda la información digital generada en el planeta se estimó para el 2016 en 16.1 zettabytes (un zettabyte es un billón de gigabytes). Para el 2025, se calcula que se requerirán 163 zettabytes, 10 veces más (IDC).

Para hacer la cifra un poco más tangible, serían unos 16 mil millones de dispositivos de almacenamiento, aproximadamente dos discos duros de alta capacidad por cada persona en el planeta. Esto requiere una cantidad gigante de materiales, que incluyen minería de muchos elementos, incluyendo raros y escasos, la producción masiva de químicos sintéticos (y basura tóxica) y una enorme cantidad de energía para extracción, fabricación, distribución y uso, incluyendo la operación y ventilación de los dispositivos, etcétera.

Los requerimientos energéticos son a menudo invisibilizados, porque se supone que la digitalización demandaría menos energía que otras actividades, lo cual podría suceder en algunos casos. No obstante, uno de los ejemplos más contundentes de lo contrario es el uso de monedas digitales como el bitcoin. Según datos recientes, una simple transacción en bitcoin, requiere la misma cantidad de energía que usa una casa promedio en EEUU ¡durante dos semanas! (Digiconomist.net)

Estos son algunos ejemplos de los impactos que en general no se consideran. Todos ellos implican además efectos devastadores sobre las comunidades y poblaciones de donde se extraen los recursos, además de las consecuencias sobre la salud de usuarios y quienes están cerca de las líneas y torres de trasmisión, así como sobre fauna, vegetación y biodiversidad.

La tremenda demanda de energía de la infraestructura y operación digital se suma a los factores principales causantes del cambio climático. Por todo ello es necesario que desde las bases de la sociedad asumamos el análisis y evaluación múltiple de los desarrollos tecnológicos, incorporando todos sus aspectos, no solamente los que las industrias quieren vendernos.

*Directora para América Latina del grupo ETC, con sede en México. Periodista y activista ambiental uruguaya con amplia experiencia, lo que le ha permitido participar en varias negociaciones de tratados ambientales en Naciones Unidas. Es miembro del comité editorial de la revista latinoamericana Biodiversidad, sustento y culturas.

Tomado de LA JORNADA/12 de mayo del 2018


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