domingo, 14 de octubre de 2018

Evolución de la diplomacia desde la antigüedad hasta 1815



Por Ariel Gala González
Estudiante 4to año del ISRI

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Si bien no pudiera hablarse de la existencia de “relaciones internacionales” hasta la Paz de Westfalia en 1648 (debido al gran significado que esta tuvo en Europa y el resto del mundo), sí pudiéramos referirnos a la evolución, desde tiempos antiguos, de la diplomacia. Este fenómeno surgió a raíz de la necesidad de todo hombre a relacionarse con su entorno para así poder garantizar su supervivencia y desarrollo. 

Esa tesis se encuentra en el epicentro de todo intento de establecimiento de relaciones diplomáticas a lo largo de la historia. Aunque las relaciones interpersonales podemos describirlas como los lazos micro-sistémicos, apreciaremos a continuación como estas transcendieron y evolucionaron para adaptarse a la gran escala, al macro-sistema, es decir, al Sistema Internacional moderno.

Evolución histórica de la diplomacia hasta Westfalia (1648)

Es válido destacar que, en el periodo en cuestión, dígase, la Antigüedad, afamados Imperios como el de Roma, entre otros, fueron los responsables del surgimiento de los lazos diplomáticos entre los estados. Sin embargo, no podemos decir que en este periodo existiera alguna organización o estructura que se dedicara enteramente al funcionamiento de la actividad diplomática. Por esta razón, muchos autores han calificado la diplomacia “antigua” de ambulante, pues como denota dicho adjetivo, no tenía una representación especifica (salvo para casos excepcionales como la firma de tratados, acuerdos). 

Igualmente, a este panorama habría que incorporar los problemas básicos de la época que dificultaban mucho la comunicación y el sostenimiento de vínculos diplomáticos. Por ejemplo, las barreras lingüísticas, religiosas y culturales sumadas al problema del transporte. A pesar de estas características, la diplomacia funcionó de manera limitada durante varios siglos. 

No fue hasta la mitad del siglo XV que la diplomacia comenzó a adoptar un carácter más permanente y estable. Empero, esto se concentró en la península de Italia. Es conocido por muchos que Venecia es reconocida como la cuna de la diplomacia moderna. De hecho, podemos afirmar que en suelo italiano fue donde la diplomacia permanente surgió por primera vez tras el establecimiento de misiones permanentes en Roma y Constantinopla. 

Cuando analizamos la época medieval y las características propias del feudalismo, es imposible no abordar el rol que tuvo la religión en todas las facetas de la sociedad (incluida la diplomacia). Efectivamente, la Iglesia católica mantenía todavía un férreo control sobre Europa y los reinos que la componían. Paralelamente, durante este periodo comenzaron a tener lugar los primeros movimientos religiosos de carácter político que tenía el objetivo de lograr una profunda reforma de la Iglesia. Desgraciadamente, la respuesta de la Iglesia no se hizo esperar y demostró su poder absoluto a través de su instrumento de control preferido, las guerras religiosas. Este se convirtió en fundamento de dominación de un reino sobre otro. También, este demostró la decadencia del sistema feudal y el dominio del catolicismo. Por ello, al fin de este periodo, y más específicamente en 1648, aparecen los primeros estados modernos. De esta forma, comenzó a configurarse el Sistema Europeo, la decadencia total del control de la Iglesia, el ascenso del capitalismo primitivo y el surgimiento de las relaciones internacionales.

Evolución histórica de la diplomacia hasta Congreso de Viena (1815)

Como ha dicho el doctor Leyde E. Rodríguez en su libro[i], “La paz de Westfalia, en 1648, marca el fin de una época y el inicio de otra”. Esta afirmación es verídica puesto que se creó el primer orden internacional en donde ya figuraron por primera vez los estados europeos modernos. A partir de este momento, el Estado se convirtió en el núcleo del Sistema Internacional. Esto, aparejado con el desarrollo tecnológico de la época y el “boom” de las relaciones económicas capitalistas primitivas, van a dar lugar a que sea más posible que antes el establecimiento de vínculos más duraderos y efectivos entre los estados modernos y los reinos (vestigios de un sistema feudal en decadencia).

Con la Paz de Westfalia, se articuló y creó el Sistema Europeo de estados que se convirtió en el pilar del nuevo orden mundial. Sin lugar a dudas fue el referente del desarrollo y la prosperidad del mundo. Además, con su instauración, se logró generalizar la diplomacia de carácter permanente a todos aquellos estados y reinos que mantuvieran vínculos diplomáticos con este sistema. Entre tantas cuestiones, con Westfalia, surgió el Derecho Internacional moderno, el cuerpo diplomático y la complejísima cuestión de la soberanía de los Estados.

Como ha mencionado el Dr. Leyde E. Rodríguez, “La historia diplomática empieza a dar paso a la historia de las relaciones internacionales, que introduce nuevos enfoques en la historia internacional”[ii]. Precisamente cabe destacar el surgimiento del llamado “equilibrio de poder” que va a ser el mecanismo rector del balance de las relaciones internacionales a lo largo de todo este periodo. Sumado a este proceso, es inevitable no relacionar la soberanía (o igualdad soberana) que se convirtió en un concepto que ha trascendido hasta nuestros días. 

La definitiva separación entre Estado e Iglesia fue un resultado fundamental de Westfalia. Esto fue una derivación de la secularización de la política sumado a la ausencia y debilitamiento de la Santa Sede en el ámbito internacional. Es entonces que, tras esta famosa división, las relaciones internacionales se comenzaron a reconocer como consecuencia de la propia naturaleza del Estado. Si bien antes a Westfalia se aceptaba una separación entre economía y política, y se creía en la noción que las relaciones internacionales eran el fruto de la unión entre diplomacia y derecho internacional, después de 1648, todo cambió. 

Los nuevos estados modernos empezaron a hacer más énfasis en analizar los procesos que ocurrían en el marco del Sistema Internacional. Es por ello que, a lo largo de todo este periodo (hasta el Congreso de Viena), se crearon muchas alianzas internacionales que determinaron el modus operandi del Sistema y de su equilibrio de poder. Sin embargo, hasta esa fecha, los Estados todavía no tenían un alto grado de interdependencia o interconexión. Esto no significo que el Sistema Europeo no fuera eficaz. Al contrario, a lo largo de estos años, se puso en duda la eficacia del llamado equilibrio de poder. Pero, como se demostró, durante los peores momentos de tensión, los países mantuvieron casi intacto el Sistema y el equilibrio entre sus partes. Ejemplos de estos momentos son la Guerra de los Treinta Años, el Tratado de Utrecht, y la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. 

No obstante, con el suceso de la Revolución Francesa, se llevó a cabo un notable proceso de configuración del Sistema Internacional. Esta nueva era que surgió tras 1789, despertó sentimientos encontrados en poderosa monarquías de la época como fueron los casos de Inglaterra, Austria y Prusia. Estas contemplaron la necesidad de destruir el nuevo sistema político que se estaba creando en Francia con los girondinos. Además, creyeron factible que podían utilizar ese momento de instabilidad política para expandir su control sobre esta potencia europea. De esta forma, surgió la llamada alianza anti-francesa liderada por Inglaterra.

El resultado inmediato de este contexto complejo (crisis sistémica), donde tuvo lugar un quiebre del equilibrio de fuerzas, fue las Guerras Napoleónicas. Estas devinieron en una expansión impresionante del imperio francés bajo el liderazgo de Napoleón. Pero, su insaciable expansión sobre Europa solo trajo graves consecuencias para el Sistema Europeo que estaba en sus últimos suspiros. Sin embargo, a pesar de la fortaleza que demostró poseer el imperio francés con Napoleón Bonaparte, este fue derrotado dando paso así a una nueva restructuración del Sistema Internacional.

Con el Congreso de Viena de 1815, tuvo lugar otro reordenamiento político de Europa que intentó restablecer el statu quo de la Europa previa a Napoleón. En efecto, el mayor logro del Congreso de Viena fue precisamente el logro del restablecimiento del equilibrio de poder entre las potencias europeas (recordemos el papel jugado por el Concierto Europeo). Y de esta manera, se creó así otro orden internacional que se iba a mantener intacto hasta la 1ra Guerra Mundial.

De esta forma, entre 1648 y 1815, observamos como existía poco desarrollo del derecho diplomático. A pesar que en Westfalia surgen el Derecho Internacional moderno, y el cuerpo diplomático, no se puede afirmar que las cuestiones referentes a los privilegios, deberes e inmunidades de los diplomáticos estaban esclarecidas. De hecho, la gran ventaja de la diplomacia es que asumió muchas de sus funciones y reglas de forma consuetudinaria desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Asimismo, en este periodo observamos cómo se creó por primera vez el Sistema Internacional con el surgimiento de los primeros estados modernos en Westfalia. Desde entonces, las relaciones internacionales se han complejizado y evolucionado para dar lugar al panorama actual. Hay que destacar que desde el 1648 hasta el 1815, se modificó el Sistema en dos ocasiones diferentes, los cuales dieron lugar a dos sociedades completamente distintas.

Notas:

[i] Un siglo de teoría de las relaciones internacionales. Editorial Universitaria Félix Varela, La Habana, 2017, pág. 12
[ii] Ibíd, pág. 14

Bibliografía
 
Carduch, R. (1993). La Diplomacia. In R. Carduch, Dinámica de la Sociedad Internacional. Madrid: CEURA.
Rodríguez, L. (2017, septiembre). La Estructura y Dinámica del Sistema Internacional en vísperas del inicio de la fase imperialista del Capitalismo. Historia de las Relaciones Internacionales. La Habana.

Rodríguez, L. (2017). Un siglo de Teoría de las Relaciones Internacionales .La Habana: Félix Varela.


lunes, 8 de octubre de 2018

Diaz-Canel en Nueva York: Retos y oportunidades para la diplomacia cubana



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Por Arturo Lopez-Levy, doctor en Estudios Internacionales y profesor de la Universidad Gustavus Adolphus de Minnesota
La primera visita de presidente cubano Miguel Díaz Canel a Nueva York para la sesión anual de la Asamblea General generó notables expectativas sobre sus actividades y proyecciones.

Se trató del bautismo diplomático del nuevo mandatario en la arena multilateral y las difíciles relaciones de Cuba con EE.UU. El balance de la visita es positivo para Cuba y preludia una mayor apertura dentro de los límites del sistema unipartidista.

El presidente cubrió importantes campos de la diplomacia multilateral, como la relación con América Latina, Europa y Africa, de cara a la votación de rechazo al bloqueo, aprovechó el conclave para avanzar la relación con terceros estados, en particular, España, y tocó públicos y temas neurálgicos de la relación con EE.UU.

Se trata de una siembra para el año venidero, con factores que potencialmente podrían pujar por un mundo más amistoso a su agenda de reformas, incluyendo mejores relaciones con España y con EE.UU, dependiendo de la elección de medio término en noviembre.

Las actividades del presidente cubano en Nueva York ilustran que la proyección exterior de la Cuba post-revolucionaria funciona más allá de la generación histórica. La agitada agenda que cubrió el mandatario en lo público y en lo privado contó con la preparación metódica y un alto nivel de movilización al interior del sistema estadounidense que precedió la visita.

El presidente barrió un espectro amplio y difícil de compaginar con intereses y perspectivas diversas dentro de la sociedad estadounidense. En un abanico que va desde los grupos más radicales de las comunidades afro y latinas, con los que se encontró en la Iglesia Riverside, en Harlem, territorio amistoso a Cuba desde la visita de Fidel Castro a ese barrio en 1960, hasta los sectores de negocios, celebridades del arte y la plural comunidad cubana, Diaz-Canel fue capaz de estructurar y ofrecer a cada sector una agenda de puentes e incentivos para una relación bilateral menos conflictiva con Washington.

En cuanto a los diálogos con mandatarios y representantes de otros países, destacó el encuentro del presidente cubano con el jefe del Gobierno de España, Pedro Sánchez. La relación de la isla con la Unión Europea vive un buen momento (también hubo encuentro con Federica Mogherini en la embajada cubana), pero adolece de atrasos en el relanzamiento de la relación con España, país clave y simbólico para Cuba en el viejo continente.

En todos los campos, Cuba y España tienen mucho que ganar con un posible viaje real a la isla el próximo año. En el ámbito multilateral, Cuba tiene asegurada una victoria en la resolución contra el embargo, con el respaldo de presidentes de todos los signos ideológicos de América Latina y Africa, aun en presencia de las más abiertas amenazas de EE.UU contra los que van a votar en su contra.

Diaz-Canel ha enfatizado los costos para la gran estrategia estadounidense de su política irracional de bloqueo.

En las reuniones dentro de EE.UU. destacaron los encuentros con congresistas estadounidenses que han jugado o pueden jugar un rol importante en las relaciones bilaterales, particularmente en proyectos congresionales de flexibilizar los mecanismos para las ventas de alimentos a Cuba y los viajes.

En la reunión con empresarios, el presidente dio continuidad a los acercamientos con ese segmento pero desde una perspectiva de bajo perfil pues las regulaciones del bloqueo siguen limitando cualquier apertura y las condiciones dictadas por la administración Trump y la Ley Helms no admiten nada menos que una incondicional rendición del gobierno cubano que no va a pasar.

De cara al futuro, la diplomacia pública cubana tendrá que trabajar de modo más amplio la relación con la gran prensa y la comunicación, con la población estadounidense como un todo.
Aquí hubo una oportunidad perdida. La apertura de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU desde 2014 cambió la percepción oficial norteamericana sobre la isla de "amenaza" a "país en transición".

Las expectativas por un nuevo rostro en el liderazgo cubano permitían circunvalar a la administración Trump con una proyección más amigable y renovadora hacia EE.UU. Esas oportunidades no fueron usadas en todo su potencial. El reto era grande pero también lo eran los posibles réditos.

En un contexto marcado por la paralización de la mejoría de la relación debido al retiro de personal diplomático en Washington y La Habana por el presidente Trump, a raíz de supuestos ataques a diplomáticos en la Habana sin explicación creíble, una entrevista al presidente cubano con The New York Times, NBC, CBS o CNN, podía marcar la pauta. Es difícil no ver en ese espacio, una oportunidad perdida.

Un punto de inflexión se registró en la reunión con la comunidad cubana en EE.UU. En ella, en la que yo mismo participé, el nuevo presidente presentó a la emigración como parte de la nación misma, y llamó a aquellos que se oponen a la política de EE.UU a participar más activamente no solo en contra del embargo/bloqueo sino también en la política del país y el proceso de discusión de cambios constitucionales.

Al margen de las diferencias políticas entre la mayoría de los emigrados presentes, el presidente Diaz-Canel se mostró un cubano de estos tiempos, nacido después de 1959, que sabe que Cuba es una sociedad transnacional, plural, cada vez más conectada al mundo, y que hay cambios necesarios, difíciles y urgentes que hacer.

Diaz-Canel recibió una cálida acogida por la mayoría de los compatriotas con los que dialogó. Lo hizo, con humildad y astucia. En mi intercambio con el presidente, conversé sobre nuestros orígenes y relaciones comunes, en Santa Clara.

Nada tuvo que ver con los que lo presentan como mero instrumento de la generación histórica de la revolución. Es un presidente con luz y dignidad propia.

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

LA VANGUARDIA